Ranita Show - Cuenta cuentos y espectáculos infantilesUn día caminaba bajo un alto pino en busca de leña, cuando escuchó una voz que le decía:
-Pegajosa, pegajosa es mi savia, porque mis ramitas tiernas están rotas.
El leñador observó y notó que alguien había roto tres ramas del pino y que la savia corría.
Hábilmente, las arregló diciendo:
-Envolveré estas tiernas ramitas y de esa manera, detendré la savia.
Rasgó un pedazo de su propia ropa para hacer un vendaje.
Tan pronto terminó, muchas pequeñas cosas doradas y plateadas cayeron del árbol. Era dinero, mucho dinero. Sorprendido, el leñador quedó casi cubierto con el dinero. Levantó la mirada hacia el árbol, sonrió y le dio las gracias. Recogió el dinero y se lo llevó a su casa.
Era una gran cantidad de dinero y poco a poco comprendió que ahora era un leñador muy rico. Todos saben que el pino es el signo de la prosperidad en Japón y, con seguridad, el pino agradecido lo había convertido en un hombre muy rico.
En ese momento, un rostro apareció en la ventana. Era el rostro de otro leñador. Este leñador no era bueno ni amable. En realidad era él quien había cortado las ramas del pino y roto las ramitas. Cuando vio el dinero preguntó:
-¿Dónde obtuviste todo ese dinero? Mira que bonito y brillante es.
El buen leñador levantó el dinero para que el otro pudiera verlo. Tenia forma oblonga, como era el dinero en Japón, y tenia cinco cestos llenos de dinero. Dijo al leñador malo cómo había conseguido el dinero.
-¿De ese pino grande? —preguntó.
-Sí, de ese pino -le contestó el leñador bueno.
-Humm... -murmuró el leñador malo.
Enseguida corrió lo más rápido que pudo. Llegó hasta el viejo pino y el árbol le dijo:
-Pegajosa, pegajosa es mi sangre, tócame, recibirás mucha.
-Oh, lo único que deseo es mucho oro y plata -aseguró el leñador malo.
Levantó las manos y rompió otra rama. El pino lo roció de pronto. Lo roció con savia pegajosa, pegajosa, no con oro ni con plata.
El leñador malo quedó cubierto con savia. Tenía savia en el cabello, en los brazos y en las piernas. Como estaba tan pegajosa, no pudo moverse y pidió ayuda, pero nadie podía oírlo. Tuvo que permanecer ahí durante tres días, un día por cada rama, hasta que la savia estuvo lo suficientemente suave para que él pudiera arrastrarse hasta su casa.
Después de eso, no volvió a romper nunca una rama de un árbol vivo.
Ranita Show...